lunes, 20 de marzo de 2017

Paso Perez Rosales, Cruce Andino, de Bariloche a Petrohue (ruta)

PASO PEREZ ROSALES
PUERTO PAÑUELO

Salgo temprano rumbo a Puerto Pañuelo. El camino es tranquilo por la Av. Bustillo. La luz horizontal del amanecer, los bosques de pinos y el asfalto que vivorea la costa del Nahuel Huapi. Paso el acceso al Campanario, la capilla San Eduardo ubicada sobre una loma. El Llao Llao resalta al pie de una enorme mole de piedra.

El puerto se va colmando de turistas, lentamente. Soy el primero en madrugar. Oscilo entre la emoción de mi viaje y ser autista del turismo consumista que me empieza a rodear. Iniciamos la navegación con puntualidad. Mi bicicleta va en cubierta y mis alforjas guardadas con el equipaje en la bodega. El personal es bastante atento. Pasamos la isla centinela y nos internamos en el brazo Blest. Las paredes están cubiertas de bosques de coihues. El viento en contra. Navegamos frente al islote donde descansan los restos del Perito Francisco Pascacio Moreno.

PUERTO BLEST

El agua se torna verde. Llegamos a Puerto Blest, donde hay un hotel lujoso y algunos senderos. Son 3 kms casi llanos que pedalear hasta el próximo barco, en Puerto Alegre. Entre un bosque valdiviano, con la humedad que brota como bruma del piso. El río Frías de aguas heladas y verdes de origen glaciar. Lupines, retamas y notros dan color entre tanto verde. El bosque de caña, alerces y coihues. Las turberas que se pueden recorrer. Increíble lugar. Increíble hacerlo en bici.

PUERTO BLEST A PUERTO ALEGRE
PUERTO ALEGRE, ADUANA ARGENTINA

Embarcamos nuevamente en Puerto Alegre. El Lago Frías es verde, erosión del hielo sobre la piedra. Es pequeño y se cruza en poco tiempo. Al sur asoma el Tronador. Al llegar a Puerto Frías hay que hacer aduana argentina. Rápidamente para empezar a pedalear una subida durísima de 3 kms en el medio de un bosque fascinante. Esta vez cargando todo el equipaje y alforjas en la bici. Soy el único ciclista en este día y lo único que cruzo es el micro de los turistas que viajan a pie. No hay otro tráfico.

PASO PEREZ ROSALES

El hito fronterizo es de madera. Al cruzarlo uno ingresa en el Parque Nacional Perez Rosales. Es ese triunfo sobre la cuesta, ese desafío propio que representan estas subidas en medio de lo agreste y la soledad. Es mi tercer cruce andino. Luego vienen ocho kms de bajada. El piso es suelto. La pendiente veloz. El camino de lo más increíbles. Puentes de madera. Cascadas. Al pie un puesto de carabineros con unas mesas y linda vista, pero no hay nadie en el lugar. El camino se hace llano. Bordeando el río aparecen unos pequeños valles y algunas praderas y pastizales.



LAGO TODOS LOS SANTOS
Y VOLCAN OSORNO
PEULLA, ADUANA CHILENA

Sobre un puente me encuentro un ciclista inglés. Conversamos un rato. Inventamos un spanglish donde nos recomendamos lugares. Martin es un veterano. Viene de Punta Arenas rumbo a Bahía Blanca. Viaja tan lento como se puede con su bici plegable y sus 70 años. Me cuenta de sus viajes por Australia, por Europa, uno se siente tan novato, tan inexperto, frente a tanta experiencia. El tiempo me pone nervioso, mientras charlamos temo no llegar a mi último barco del día. Hay quienes me dicen que el pasaje vale solo por hoy, otros que vale por meses, yo no tengo ninguna seguridad.

Sigo apremiado con llegar al próximo barco y lamentando perderme este encuentro con Martín. Paso rápido la aduana donde ya habían cerrado. Casi no tuve tiempo de recorrer Peulla. Lo más destacado es su hotel carísimo. Había un camping que me recomendaron junto al aeródromo. También me dijeron de acampar próximo al puesto del Guardaparque. El último llano de piedra gruesa se hace interminable. Me arrepiento de ir apurado pero logro tomar el barco. Embarcando encuentro un par de ciclistas argentinos que hicieron noche en Peulla.

Ya en el Lago Todos los Santos la navegación es un descanso. Aguas verdes. Bosque valdiviano. Una isla privada, la isla Margarita. El Volcán Osorno con sus 2.652 msnm.  Según la mitología mapuche, un antiguo y poderoso pillán llamado Peripillán (quien por ser un gran espíritu perverso, fue desterrado y lanzado a la tierra, dando origen a este volcán) habita y está prisionero en el volcán Osorno.

En un rato llegaré a Petrohué, su nombre significa "lugar de mosquitos". Pase en un día del estilo Bustillo -de piedra y de troncos-, al estilo chileno -madera en listones o tejuelas, techos a cuatro pendientes-.


MUELLE CAMPING EN PETROHUE
PETROHUE

Cuarto barco del día para llegar al camping. Hay que cruzar el Río Petrohue. Pregunto en el muelle y elijo apurado, me pierdo lugares y tiempo. Una pequeña lancha comunica las dos orillas que dividen a este poblado de pescadores. El cruce cuesta mil pesos chilenos.

Quería recorrer Petrohué, su feria, su playa de arenas volcánicas y su museo. Aquí el turismo se mezcla con el trabajo cotidiano. Un mismo lugar es granja y camping. Todo se entiende sin carteles. Se llega preguntando. Hay una cultura que tengo que ir aprendiendo en este viaje.

El atardecer es interminable, juego a sacar fotos de flores silvestres. Tiempo para disfrutar de las vistas del lago, algunos arrayanes, los barquitos locales de los pescadores. Armó mi carpa en el Camping Kuschel, 5 mil pesos la noche. Hay baños, mesas y bancos, un buen predio con arboles y playa al río, un muelle y un comedor donde ofrecen desayunos y comidas. Primera noche de carpa y estrellas.




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